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lunes, 27 de enero de 2014

¿Qué criterios se siguen para conceder grandes acontecimientos deportivos?

En pocos días, concretamente el próximo 7 de febrero, dan comienzo los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi, pero bajo un ambiente enrarecido por las graves amenazas terroristas que llevan tiempo vertiéndose sobre la ciudad rusa y el evento en sí. Ya ha habido actos terroristas en puntos cercanos a Sochi en las últimas semanas y ahora, parece ser, Estados Unidos y Rusia andan trabajando conjuntamente para intentar capturar a posibles terroristas infiltrados dentro de lo que es la Villa o las instalaciones olímpicas de la ciudad.

Esto nos hace plantearnos: ¿Por qué se le ha concedido un acontecimiento tan importante como unos Juegos Olímpicos a un país tan amenazado por el terrorismo como Rusia? Preguntas similares en cuanto al no saber el porqué de las decisiones pero con motivos diferentes se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en Catar y en los Mundiales de 2022 de fútbol, con una polémica de la cual ya hemos hablado bastante en Mundo Pelotudo. ¿Un mundial de fútbol en verano en un país desértico y con una media de temperatura de cincuenta grados? La explicación popular apunta a los petrodólares, pero se llega a la conclusión de que sacrificamos intereses deportivos por dinero (hablamos, obviamente, de la posibilidad de que el Mundial se juegue en invierno).

Precisamente, Catar será también sede de los mundiales de balonmano de 2015, cuando este país árabe no es, precisamente, una tierra de tradición en este deporte. Todo es por dinero. Pero… por otro lado se plantea la pregunta de si también sería injusto no conceder a este tipo de países la posibilidad de organizar grandes campeonatos deportivos y así promocionar el deporte y promocionarse a sí mismos de vez en cuando. Por ejemplo, el pasado mes de septiembre tuvo lugar en Angola el Mundial de hockey patines y no consta que existieran problemas en el país africano que, por cierto, accedió a pagarle a la Selección española los gastos relativos a su viaje para participar en el campeonato, ya que los recortes en las Federaciones deportivas en nuestro país hubieran impedido que los nuestros pudieran viajar (España ganó el Mundial a Argentina).

Se suele decir que los criterios que los estamentos tienen en cuenta para conceder la organización de estos grandes campeonatos deportivos son de infraestructuras, seguridad, tradición en el deporte en cuestión, comunicaciones, comodidades para los deportistas e incluso, últimamente, que los proyectos no sean derrochadores desde el punto de vista económico. Pero hemos visto cómo Japón se hacía con los Juegos de 2020 por su impresionante apuesta económica a pesar de que no esté nada claro que para entonces se haya superado su enorme problema con la central de Fukushima. Como el año pasado vimos disturbios sociales diariamente en Brasil durante la Copa Confederaciones de fútbol, o hemos visto a trabajadores de ese país morir por falta de seguridad en las obras de los estadios o a las autoridades cariocas aumentar los presupuestos para los próximos Juegos de Río 2016 con su país atravesando penurias económicas en según qué zonas geográficas. ¿Es esto admisible?

¿Qué criterios se deben imponer para que en todo esto impere la cordura? ¿Cómo obligamos a las personas con capacidad de decisión a no atender a intereses económicos o a sus intereses personales a la hora de elegir sedes de campeonatos?

lunes, 17 de junio de 2013

Hablemos un poco de Tahití, la cenicienta de la Copa Confederaciones


Tenemos a vuelta de la esquina la Copa Confederaciones, que se disputa en Brasil a partir de este sábado. La cenicienta, la sorpresa, el equipo exótico en esta edición del torneo es Tahití. Un país... Bueno, no sabemos si llamarle país, porque no lo es exactamente, que representará a la Confederación Oceánica de Fútbol, de la que es la vigente campeona tras derrotar a Nueva Caledonia en la Final de la Copa de las Naciones, que es algo así como su 'Eurocopa'.

Y pensaréis: ¿Para qué juegan al fútbol en un lugar lleno de playas paradisíacas, palmeras y resorts de lujo? Pues básicamente, por la influencia europea. Tahití es parte de la Polinesia francesa, una serie de islas bajo dominio galo (se las considera territorios de Ultramar). Están al Sur del Océano Pacífico. Su capital es Papeete, y son básicamente dos parcelas de tierra conectadas por un itsmo. En total el territorio comprende unos 1.042 km².

Tahití fue descubierta por un español, Pedro Fernández de Quirós, en el año 1606, aunque desde 1842 se acogieron al protectorado de Francia. Sus idiomas oficiales son el francés y el tahitiano local, y no penséis que los nativos del lugar están sometidos bajo el yugo europeo. Nada de eso. De hecho, encuestas recientes e incluso algunas iniciativas para intentar la independencia total de las islas han revelado que la población está muy a gusto siendo francesa. Y quieren seguir siéndolo en su mayoría.

Cultural y económicamente, Tahití vive del turismo. El pintor francés Paul Gauguin vivió allí a finales del Siglo XIX, algo que se nota en algunas de sus obras a tenor de los paisajes que plasmó. Tienen incluso universidad, la Universidad de la Polinesia Francesa. También viven de cultivar perlas negras, que exportan a Japón, Europa y los Estados Unidos. Existen todavía algunos instrumentos musicales tradicionales que se usan hoy en día, como el pahu, los toere (tambores), y el vivo, una especie de flauta nasal.

Y básicamente, en Tahití se va a la playa... Pero también se juega al fútbol. Es el deporte más practicado, seguido del fútbol playa (se nota que el sitio no da para mucho más). Existen algunos deportes nativos relacionados con el medio en el que viven (carreras de canoas y de kayaks, buceo... ). Últimamente se han convertido en una potencia futbolística en Oceanía, aunque hablando del nivel que hay por allí no es como para sacar mucho pecho. La selección solo cuenta con un jugador profesional, el delantero Marama Vahirua, conocido por su paso por algunos equipos importantes de la Liga francesa, como el Nantes o incluso el Mónaco. Actualmente juega en el Panthrakikkos griego. Se le conoce como 'el remero de Tahití' por su costumbre de simular que está remando cada vez que marca un gol, para mostrar sus raíces. El resto del equipo podría calificarse de "familiar". Hay cuatro hermanos de apellido Tehau: Los mellizos Alvin y Lorenzo, su hermano Jonathan y su primo Teaonui. Todos los jugadores de la Selección excepto Vahirua juegan en el país, y básicamente en dos equipos: El Tefana y el Dragon de la primera división de Tahití. Eso sí: La mayoría son jugadores amateurs. Hay varios desempleados y el resto son oficinistas, obreros, maestros y comerciantes...

De cara a la Confederaciones, el objetivo de Tahití es marcharse a casa con la menor cantidad de goles encajados en contra posible. Para un combinado que perdió hace poco por 17-1 contra Kiribati, o 7-0 contra las Islas Cook, creo que es lo lógico. Eso sí, a las Islas Salomón le tienen tomada la medida, así como a Nueva Caledonia. Ahí donde les veis, han sido la primera Selección que se proclama campeona de Oceanía que no ha sido ni Australia ni Nueva Zelanda. En la categoría Sub-20 llegaron a jugar el Mundial de Egipto 2009. Y en los Juegos del Pacífico tienen cinco medallas de oro. Un dato curioso es que desde 1971 hasta 2001 tuvieron el honor de ser la Selección con el récord de la mayor goleada en el ámbito del fútbol internacional. Fue un 30-0 ante las Islas Cook.

Y para terminar, algunas curiosidades: La palabra tatuaje viene de Tahití, ya que allí los tatuajes se consideran símbolos de belleza y es una práctica ancestral. El Bungalow sobre agua, una construcción que ahora está muy de moda en viajes exóticos ofertados en las agencias de viajes, se inventó también allí. Y tienen bodegas de vino instaladas en atolones de coral.