jueves, 21 de febrero de 2013

Los efectos negativos de las apuestas deportivas

Como ya sabréis, hace poco más de una semana, la EUROPOL (Oficina Europea de la Policía) destapó una red de amaños en partidos de fútbol, la más grande conocida hasta la fecha. Se trata de 380 partidos en 15 países distintos, entre los que no está España (dicen, de momento), de los cuales 150 habrían sido ya confirmados y demostrados, entre los años 2009 y 2011 y en competiciones disputadas en Alemania, Austria, Eslovenia, Gran Bretaña, Hungría, Finlandia y Turquía, entre otros. Los casos de soborno o intento de soborno a jugadores, árbitros y directivos han afectado a partidos de clasificación para el Mundial, de ligas nacionales, de la Liga Europa y dos de la Liga de Campeones (uno de ellos jugado en Inglaterra). También hay otros 300 partidos sospechosos jugados fuera de Europa, especialmente en África y Latinoamérica.

Se generaron ocho millones de euros de beneficios sobre un total de 16 millones apostados y se movieron otros dos millones en sobornos, de los que el mayor aceptado por una sola persona ascendió a 140.000 euros. La red criminal, al parecer, estaría controlada desde Asia.

Esto pone de manifiesto un peligro que, desde hace tiempo, viene cayendo sobre el deporte en general y sobre el fútbol en particular: el negocio de las apuestas. De un tiempo a esta parte hemos pasado de las simples quinielas a sofisticados métodos en los que un cliente puede apostar hasta a cuántos córners se van a sacar en un partido, si el entrenador de un equipo determinado será expulsado o si habrá peleas entre éste o aquel jugador. El negocio es básicamente con el fútbol porque el fútbol mueve muchísimo dinero, pero en casi cualquier página web de cualquier casa de apuestas más o menos grande, uno puede apostar hasta en fútbol azerbaiyano, Bandy o baloncesto australiano. Todo a un clic de distancia.

El auge de las casas de apuestas se ha producido en los últimos tres o cuatro años. Es uno de los pocos sectores comerciales que puede decirse que está en expansión en estos tiempos de crisis (lo cual no debería ser malo, sin ir más lejos Ángel Marbán debe su trabajo actual a este mercado), pero ahora se ve salpicado por estos descubrimientos de corrupción masiva a gran escala.

¿Es bueno o es malo esto? Es la pregunta que nos gustaría lanzar hoy. ¿Veis bien el mundo de las apuestas deportivas? ¿Creéis que debería controlarse o regularse más? ¿Le pondríais límites? Las últimas noticias han hecho que algunas voces autorizadas y expertos en la materia hayan abogado por la aceleración de una reglamentación común para toda Europa en torno a este mercado (hay que recordar que la mayor parte de las grandes casas de apuestas son inglesas), algo que hoy en día no existe. Ponemos un ejemplo: Según en qué casa de apuestas decidáis apostar, os parecerá que estáis jugando a lo mismo siempre, pero el "modelo de negocio" es distinto. Si apostamos a un partido del Madrid en una casa de apuestas española, el 25% de los beneficios que obtengamos se los queda el estado. Por eso, muchos optan por apostar a ese mismo partido del Madrid en casas de apuestas extranjeras, que permiten al cliente quedarse con todo el dinero que gane. Y ahí entran las casas de apuestas ilegales. Y tenemos montado el lío.

Además, según estos expertos, hay muchos entresijos en este mundillo que aún no han sido siquiera regulados, y eso da lugar a un aprovechamiento fraudulento del negocio por parte de los más avispados. Por ejemplo, en Inglaterra hace muy poco tiempo estaban pensando en colocar máquinas para poder apostar en directo en los pubs, cuando en las tiendas oficiales de las casas de apuestas está prohibido el consumo de alcohol. No hay leyes que impidan eso. Incoherente, ¿verdad?

Sin embargo, las apuestas ligadas al deporte han existido casi desde que se inventó el deporte mismo. Su peligrosidad ha ido aumentando a medida que el deporte se ha ido profesionalizando y, por tanto, convirtiéndose en un negocio. El sector del juego online generó en España unos ingresos de 370 millones en 2011, y se prevé que generará unos 250 millones este año. Y aquí entramos en el eterno debate: ¿En qué medida profesionalizar el deporte ha sido beneficioso? 

Porque es muy complicado controlar algo cuando hay dinero de por medio. Y por tanto, intereses personales. Se nos ocurren algunos ejemplos. Imaginad que un equipo está indispuesto por haber comido pescado en mal estado o que un jugador de tenis tiene que salir a la pista porque el sistema de puntos de la ATP le obliga a salir a defender una serie de puntos aunque no está en condiciones físicas óptimas; aunque los jugadores no apuesten, se lo pueden decir a un amigo, que es el que decide aprovechar el momento. Esto no es ilegal, pero se debería sancionar a las personas que juegan con información privilegiada.

Además, no es lo mismo amañar un partido de Tercera en Eslovenia que de la Premier. Controlar los amaños es muy difícil, especialmente en ligas menores, donde los jugadores cobran 100 o 200 euros. Si les ofrecen 2.000 por arreglar un partido, seguramente los cogerán.

¿En qué medida es esto ilegal? ¿Es culpa de la profesionalización del deporte?

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